Aburrimiento, estado afectivo estigmatizado

  • Aburrimiento, frustración e indiferencia son estados que todos padecemos, sin embargo, suelen ser estigmatizados
  • Los estados afectivos naturales del ser humano son reprimidos si no corresponden a los estándares de felicidad o productividad que marca la sociedad

Autora: Leslie Casales

Foto: Octavio Olvera

“El aburrimiento es definido como un estado afectivo desagradable”, afirmó Efraín Gayosso, integrante del Seminario Universitario sobre Afectividad y Emociones (SUAFEM), en entrevista para HumanidadEs Comunidad

Por la naturaleza de su sentir y los elementos que lo provocan ha sido objeto de estudio de distintas disciplinas como la filosofía, la psicología y las neurociencias. Un ejemplo de ello es la concepción del filósofo Martin Heidegger quien relacionaba este estado anímico con el pasar del tiempo, un tiempo largo y pesado el cual se suele considerar como una experiencia que carece de emoción. 

No obstante, el aburrimiento  “se siente de manera desagradable independientemente de una ligereza o pesadez emocional”, aseveró Gayosso, quien también reconoció como indispensable pensar en las causas y consecuencias que lo genera. 

Ausencia de emociones positivas

A lo largo de su vida los humanos atraviesan por distintos estados afectivos que se pueden dividir entre agradables como el disfrute, y en desagradables como el aburrimiento, frustración o vergüenza. Sin embargo, pese a esta distinción que usamos para identificarlos, su funcionamiento no los separa sino que resalta una serie de relaciones entre ellos. Además, la experiencia de los estados afectivos , sean agradables o desagradables, da indicios de cómo los humanos se relacionan con su entorno. 

Entre estas relaciones identificamos causas y consecuencias de los estados afectivos tal como la relación entre disfrute, desgaste y aburrimiento: la realización de una actividad que se disfruta, en condición de repetimiento excesivo genera desgaste, el cual puede derivar en aburrimiento, al igual que el vacío emocional hacia una actividad u objeto, es decir, la ausencia de una emoción positiva que termina en desinterés causando aburrimiento, ejemplificó el investigador. 

Los estados agradables se buscan continuamente procurando su durabilidad, al contrario de los estados desagradables; “una característica que tienen es que una vez que los tenemos ya no los queremos sentir y buscamos de alguna manera desaparecerlos o aliviarlos”. En cambio, a veces existen circunstancias que alejan este proceso de alivio y pueden derivar en nuevos sentimientos como la frustración. 

El ocio como arma contra el aburrimiento

No existen pasos definidos para la superación de dichos estados afectivos, ya que sus causas así como quienes lo padecen son distintos. A pesar de ello, en el caso del aburrimiento quienes buscan sobreponerse a dicho estado desagradable suelen encontrar en el ocio la motivación para llevar a cabo actividades que generan satisfacción al sujeto. 

Foto: Octavio Olvera

Contrario a lo que se suele creer, la desocupación puede contribuir a ejercer buenos hábitos en el sentido de que el tiempo libre es para llevar a cabo ciertas actividades que son satisfactorias y rompen, por ejemplo, con la monotonía o la obligatoriedad del trabajo. Este es el paso del aburrimiento a algo positivo y que ocurre en todas las emociones negativas, aseveró Gayosso. 

Aburrimiento en la sociedad 

Pese a que la emociones suelen expresarse individualmente, el origen de las mismas conlleva mayormente experiencias colectivas, es decir, surgen a partir del entorno social: “Podemos hablar de una sociedad del cansancio, una sociedad que está dinámicamente imbuida en el trabajo y que entonces no piensa en el ocio de manera edificante, sino como algo nocivo que se tiene que evitar: “si no estás trabajando estás de ocioso, se suele pensar hoy en día”, afirmó el investigador. 

Gayosso acentuó: “Además se estigmatizan los estados afectivos desagradables como el aburrimiento, por ejemplo, en nuestra sociedad típicamente se piensa que las personas se aburren porque no están ocupadas, en lugar de ver qué es aquello que en realidad causa este estado”. En consecuencia se frena el proceso de autoconocimiento del sujeto e inevitablemente se pierde el interés por los problemas sociales que causan experiencias afectivas desagradables en los sujetos.

Foto: Octavio Olvera

Definir los estados afectivos desagradables como un proceso natural en la vida del ser humano, implica un desarrollo personal y social a gran escala, nos deja la posibilidad de un cambio verdaderamente constructivo superando los altos e irreales estándares de éxito y felicidad. “El éxito no solo consiste en la felicidad, sino que engloba todo lo que las personas son, incluidas las emociones desagradables que tienen”, remató Gayosso. 

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