Afganistán. Un simple y profundo momento de su historia

  • Dirigida por Marzieh Meshkini, el filme Los niños del fin del mundo (Stray Dogs, 2006), cuenta la absurda historia de dos niños afganos que cometen delitos porque quieren ser encarcelados para vivir con su madre.
  • Los niños sólo son culpables de haber nacido en este mundo de intolerancia

Autor: Carlos Martínez Assad.
Selección de textos: Hernando Luján

1. Crédito foto: Tomada de México es Cultura, www.mexicoescultura.com/actividad/105467/los-ninos-del-fin-del-mundo.html consultada el 15 de septiembre de 2021.

Y entre esos niños de las guerras, los de Afganistán han tenido también la peor parte, de acuerdo con el filme Los niños del fin del mundo (Stray Dogs, 2006), de Marzieh Meshkini. Una niña encuentra un libro a medio quemar entre los desperdicios que van a dar en la ladera de un río en Kabul. Gol Ghotai se llama la pequeña de apenas seis años. Su hermano Zehaed, probablemente de once, persigue en compañía de otros niños igualmente andrajosos a una perrita lanuda. Se ensañan con el animal blandiendo antorchas y la rodean hasta hacerla caer en una cueva. Los insultos aluden a ser partícipe de los intereses de Rusia, de Estados Unidos y del Reino Unido en Afganistán. (Quizás el referente cultural es el rechazo a los perros que según los islamistas tienen diálogo con el diablo, aunque no es explícito en el filme).

Los dos niños se conmueven con la perrita Twiggy acorralada y la salvan rescatándola por otro acceso de la cueva que aparentemente sólo ellos conocen. Después llegan tarde, cuando todavía hay sol, a una “prisión nocturna”. Tienen que rogar para que los guardias les permitan ingresar. Sólo Atef, quien los conoce, accede a sus ruegos. Les venda los ojos y los conduce por pasillos lúgubres con puertas enrejadas. Ya en la prisión, se encuentran con su madre, quien purga una condena por adulterio según la denuncia de su marido, que forma parte del Talibán. En realidad se casó con otro después de cinco años de no saber si su primer marido estaba vivo. Bañan a la perrita mientras la madre exclama: “hubiera sido mejor morir que estar aquí”.

El frio de la cárcel obliga a encender pequeñas fogatas en el piso con el material de desperdicio que los niños han encontrado. Otra madre, más joven, arrulla a su bebé, que llora sin parar. La guardia le pide silencio, a lo cual replica que llora no por hambre sino porque tiene frío. En forma solidaria, la madre de Gol Ghotai y de Zehaed le regala el libro semiquemado y unas maderas. Con el calor del débil fuego, el niño se duerme en seguida.

Crédito foto: Tomada de Vértigo. El blog de cine que hace ¡ping! http://www.ernestodiezmartinez.com/2008/05/cine-en-televisin-para-el-mircoles-28.html, consultado el 15 de septiembre de 2021.

 Por la mañana los niños salen para ir a recuperar lo posible en la basura. Con lo recolectado van al mercado con puestos de frutas y legumbres. Se detienen junto al panadero, que les intercambia una pieza de pan por mercancía. Entregan material en otros negocios y reciben unas monedas a cambio. Con lo adquirido, la niña compra un rosario para el padre porque irá a visitarlo a prisión. Sin embargo le impiden la entrada porque ese día no se permite el ingreso a las mujeres. Es el hijo quien debe pedirle que perdone a su madre porque las circunstancias le obligaron a casarse cuando él estaba ausente. El padre, talibán al fin, le niega el perdón y, por el contrario, le transmite un insulto, que se vaya al infierno. Ese lugar en “un gran abismo donde los ángeles queman a los pecadores”.

Regresan a la prisión, pero sin la suerte del día anterior, porque aun el guardia que conocen no les permite entrar, por lo que se disculpa y les pide le comprendan pero son órdenes de las autoridades. Los niños ven cómo un guardia entrega al bebé que no podía dormir la noche anterior a su abuela. Ella reniega porque tiene ya varios nietos y no sabe qué hará con uno más.

Gol Ghotai y su hermano deben dormir a la intemperie, junto a una pequeña fogata, pero el frío les obliga a buscar otro refugio en una suerte de basureros abandonados que regentea un niño mayor, a quien deben pagarle como los niños que duermen en otros. Cuando le cuentan que no les permiten acceder a la prisión, les da una receta certera: robar para que los atrapen.

A partir de entonces se dedican a robar con tal inocencia que no lo logran. Vuelven a la prisión y piden los lleven con su madre; el guardia, al enterarse de que se casó otra vez, la insulta llamándola prostituta. Zehaed se enfurece y lo reta sin lograr nada. Cerca de la prisión, los niños velan a la abuelita, la misma obligada a recoger al bebé, que murió de frío la noche anterior.

Entran al Volkswagen abandonado y lleno de polvo donde vive un viejo que ve televisión; él, medio loco, regresa, los saca de su refugio mientras se escucha el ruido del motor de un avión que pasa, y dirigiéndose hacia el aparato en la altura le grita que Estados Unidos mató a su esposa y a su hijo.

2. Crédito foto: Tomada de Cineteca Nacional de México, https://www.cinetecanacional.net/php/ftPelHist.php?clv=4783, consultada el 15 de septiembre de 2021.

Gol Ghotai al fin puede entrar a la cárcel para pedir al padre el perdón para la madre, pero no lo consigue. Sin embargo, les dice que vayan a casa de un amigo, que por supuesto no los acepta porque al ser hijos de talibán, corre el riesgo de ser reconocido como parte de ellos. Vagando por las calles y en su afán de robar lo que sea, le arrebatan la bolsa a una señora con burka mientras le piden llamar a la policía para que los encarcelen. Ella saca dos piezas de pan del bolso y se los regala, regañándolos porque eso es lo que ha conseguido pidiendo limosna para sus hijos.

Se roban la cabeza de un toro y aun así no logran que alguien los persiga. Le piden al perrito lanudo que los ha acompañado todo el tiempo que coma un poco pero se niega. En cambio, aparecen unos perros enormes que devoran la pieza, se trata de animales que participan en peleas con apuestas. Los agrupan por parejas de contrincantes mientras una multitud se congrega alrededor. Las luchas son a muerte y varones de todas las edades vitorean al ganador y cobran sus apuestas.

El mismo niño que los ha aconsejado les dice que vayan a ver una película donde muestran cómo robar. Llegan a un cine de arte y exhiben Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica. No saben que han visto la peor enseñanza de cómo robar porque los personajes de esa película son tan honestos e inocentes como ellos.

Salen de la sala y sólo observan la cantidad de personas que se trasladan en bicicletas en Kabul, hasta que ven una estacionada cerca de ellos. Zehaed la toma y como era de esperarse una multitud lo atrapa, rápidamente llega la policía y lo sube en una patrulla. Desde la ventana le grita a Gol Ghotai, pero ella con el perrito en brazos no logra alcanzarlo. Él es conducido a una prisión que no es la de la madre y llora pidiendo que lo lleven a donde está ella. La pequeña va de nuevo a la prisión de la madre y cuando el guardia le abre dice convencida: “Soy la hermana del ladrón de bicicletas”.

Los niños sólo son culpables de haber nacido en este mundo de intolerancia, donde la guerra y el rencor han arrasado con cualquier forma de solidaridad.

La directora iraní vivió en Afganistán mientras filmaba, tiempo que empleó para ofrecer curas y medicamentos a cientos de niños desamparados, huérfanos o con los padres en prisión, como el relato de la película.

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