Entre maíces y cruces

  • Los pueblos originarios del Ajusco conservan su identidad sin fusionarse con el resto de la Ciudad de México
  • Las tradiciones y actividades de sus comunidades persisten según la agenda religiosa

Autora: Elisa Domínguez Álvarez Icaza

Campo de maíz a lado de la ciclopista en San Miguel Ajusco
Elisa Domínguez Álvarez Icaza estudia Ciencias de la Comunicación, con especialidad en periodismo, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Sus intereses temáticos son el medio ambiente, los sentidos comunitarios, la fotografía, el cine y la literatura. También ha participado en proyectos relacionados con el feminismo y la difusión cultural.

Cultura originaria

La ciudad acaricia los límites del paisaje del Ajusco. Es una zona sureña semirural en la que colindan las reminiscencias de la naturaleza con la expansión urbana. Los lugares se transforman, se construyen y pavimentan; sin embargo, el Ajusco conserva su identidad sin fusionarse con el resto de la Ciudad de México.

Milpa en San Miguel Ajusco

Por un lado, las tradiciones y actividades de la comunidad persisten, según la agenda religiosa; por otro, las actividades económicas se mantienen lejos de la industrialización.

El Ajusco es una franja montañosa con los bosques más densos de la ciudad, conectada con la Sierra de Las Cruces y la Cordillera del Popocatépetl. San Miguel Ajusco, San Andrés Totoltepec, San Miguel Topilejo, San Miguel Xicalco, San Pedro Mártir, Santa María Magdalena Petlacalco y Santo Tomás Ajusco, forman parte de los pueblos originarios de Tlalpan. 

Paisaje típico del Ajusco, con sembradíos, casas y bosques de coníferas

Como antecedente histórico, en la época prehispánica habitaban los tepanecas en la zona. Posteriormente, durante el virreinato, los pueblos conservaron las estructuras indígenas pero sumaron la religión católica.

Festividades

Entre las tradiciones del pueblo, el 2 de noviembre las familias visitan el panteón y decoran las tumbas de sus seres queridos

Las fiestas más importantes son las de los santos patrones de cada pueblo. Josefina, habitante de Santo Tomás Ajusco desde hace 31 años, explica cómo las personas se organizan para celebrar: los mayordomos de cuadrillas coordinan a la gente voluntaria para proveer la comida; en el ruedo se hacen representaciones y danzas como la de los Chinelos; asimismo, hay juegos mecánicos y pirotecnia.

Campanero llama a misa de medio día en la iglesia de San Miguel Ajusco

La religiosidad no se restringe a las iglesias y días específicos. María Ana Portal, en su estudio Práctica religiosa e identidad social entre los pueblos de Tlalpan, habla de un fenómeno cultural aplicable a los pueblos del Ajusco. Explica que muchas manifestaciones religiosas, en vez de homogeneizarse frente a la modernización, son fortalecidas y reinventadas. Algunas casas ponen altares en las fachadas, sobre todo dedicados a la Virgen, decorados y mantenidos con sumo cuidado.

En los pueblos es muy común encontrar nichos religiosos en las entradas de las casas
Altar hecho por los camioneros de la ruta 70

Los cultivos

Los campos de maíz se han vuelto el símbolo de bienvenida. También es la manera en la que se percibe el tiempo: cerca de septiembre es la cosecha y, a comienzos de año, los terrenos albergan plantas germinantes. 

Mazorcas cacahuazintles producidas en San Miguel Ajusco

Las extensiones de tierra cultivable, en su mayoría son comunales. La zona se ha abierto a nuevos servicios y actividades; sin embargo, los sembradíos son importantes para todos los pueblos. Nicole Percheron, en su ensayo Problemas agrarios del Ajusco, señala que los pueblos han podido preservar gran parte de su originalidad y unidad gracias a la explotación de la tierra.

El pastoreo

Aunque la ganadería ya no es la actividad principal, la relación con el campo es estrecha, siendo otro factor importante porque forma parte de la estructura social. Hay grandes terrenos comunes en donde pastan las ovejas, las vacas y animales de tiro como los caballos, que también son medios de transporte. 

Rebaño de ovejas

Percheron destaca tambiénque el modelo tradicional de pastoreo se ha transformado en un estilo más moderno con establos. Pedro, quien aparece fotografiado más adelante, cuenta que ha sacado a pastar a los borregos toda su vida, al continuar con una tradición familiar.

Pedro pasea a su ovejas frente al volcán Ololica

La antugua vía del tren

La ciclopista es emblemática del cambio. En donde era la vía del tren a Cuernavaca, escenario incluso del zapatismo revolucionario, hoy se encuentra un parque lineal que pasa por los pueblos y se interna hacia el campo. Atraviesa sembradíos, bosques y terrenos abandonados; a sus lados se encuentran negocios de comida y casas. Se ven ciclistas, familias haciendo ejercicio y personas que pasan por allí para hacer sus compras. Varios jóvenes de la zona cuentan que disfrutan pasar las tardes ahí, aunque en las noches puede ser peligroso. 

La ciclovía

El Ajusco es una zona de continuas transformaciones. Hay numerosas familias originarias, pero también se han establecido personas procedentes de otros lugares. La convivencia no siempre es fácil. La distancia, la endeble seguridad y los problemas de agua son significativos, pero también muchos pobladores expresan su orgullo en las tradiciones colectivas y paisajes distintivos.

Pareja disfruta la vista después de hacer un recorrido
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