La gráfica del 68: imágenes para la celebración, la protesta y la memoria

El Movimiento estudiantil del 68 es la protesta social más importante en la historia moderna de México. De entre las expresiones artísticas que se derivaron de él se encuentra la gráfica, fundamental en el impacto visual de la protesta. Presentamos aquí una entrevista con Juan Porras Pulido quien ha estudiado el fenómeno.  

Autor: Antonio Sierra García

El Movimiento estudiantil del 68 es la protesta social más importante en la historia moderna de México. De entre las expresiones artísticas que se derivaron de él se encuentra la gráfica, fundamental en el impacto visual de la protesta. Presentamos aquí una entrevista con Juan Porras Pulido quien ha estudiado el fenómeno.  

La celebración de los Juegos Olímpicos de 1968 se desarrolló con el telón de fondo de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas. Para la organización de la Olimpiada se trabajó arduamente con la finalidad de mostrar la fortaleza y riqueza de la Nación. 

Pero la narración cambió drásticamente, “al ser considerada como causa de la represión, la Olimpiada de México forma parte del relato, pero lo hace sometida a un juicio implacable: para muchos se trata de un asunto banal concerniente al Estado y su intención de exhibirse ante el mundo como eficiente y progresista”, apuntó Juan Porras Pulido, académico de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT).

En entrevista para HumanidadEs Comunidad, Porras Pulido abundó sobre la importancia de la gráfica del 68. Un tema muy estudiado por lo que toca a su diseño y posterior reelaboración por el Movimiento Estudiantil, pero cuya recepción se ha abordado poco. 

El profesor universitario se interesó por la influencia que tuvo la gráfica en el comportamiento social, al momento de su aparición. Es gracias a este tipo de trabajos como se pueden comprender los procesos políticos, económicos y sociales del momento.

La gráfica, que para su época fue un diseño innovador, representó el emblema que la justa deportiva llevó como rostro. Con sus líneas onduladas, el diseño de México 68 hacía recordar los patrones prehispánicos, además de la fluidez y el dinamismo propio del Pop Art neoyorkino. 

En ese sentido, la iconografía ofrece amplias posibilidades para asomarse a los diversos cortes históricos. Se trata de claves que, comenta el investigador, “encierran una serie de acertijos y secretos, en relación con su momento.”

En 1966 inició la organización de los Juegos Olímpicos. Había un gran compromiso por parte del gobierno mexicano. En este contexto se comenzó a trabajar con las propuestas gráficas. Se diseñó el logotipo que sirvió como bandera de identidad. “No existía una imagen unitaria y consistente que reflejara los valores que en ese momento el Estado quería proyectar al mundo: estabilidad política, capacidad, modernidad y apertura”.

“Estas imágenes surgen con la designación del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez como presidente del comité organizador. El arquitecto organizó a un grupo de diseñadores nacionales y extranjeros. Y éstos crearon un programa de identidad olímpica”, dijo Juan Porras, doctor en Ciencias Políticas y Sociales.

La gráfica inicial de los Juegos Olímpicos recuperó la tendencia del Pop Art, corriente artística de moda en Nueva York. Así pues, se empató la idea de las líneas paralelas y del arte cinético con el arte prehispánico, porque el Comité Organizador encontró algunas piezas prehispánicas que contenían líneas concéntricas. Entonces, consideraron que la imagen constituía un elemento innovador. Al mismo tiempo, aludía a las raíces culturales del país. Se buscó combinar la riqueza del pasado nacional con lo moderno.

La gráfica influyó en la sociedad, pues dos años antes de la Olimpiada suscitó una serie de conceptos positivos. Incentivó las ganas de participar y de mostrar que este país, que era visto desde afuera de una forma negativa, con muchos estereotipos, podía percibirse de manera distinta, eliminando los prejuicios. El diseño sorprendió a la sociedad y ésta hizo suyos los conceptos gráficos y, con ellos, la propia idea olímpica.

Una vez diseñada, se generaron imágenes que sirvieran de guías para indicar los espacios de las competencias deportivas y de las actividades culturales. De acuerdo con Juan Porras, la imagen tuvo una amplia difusión en los medios de comunicación. Fue tan importante su distribución que cuando inició el Movimiento Estudiantil, “la población ya se había apropiado de estos conceptos. 

Hay un símbolo central: la paloma de la paz. Entre junio y julio de 1968, el comité organizador de los Juegos tuvo una iniciativa: pegar la paloma de la paz prácticamente en todos los espacios públicos e incluso en los privados. Entre los valores de modernidad y apertura, también se quiso enfatizar el espíritu humanista de los Juegos Olímpicos de México. Y, en consecuencia, el espíritu humanista que el Estado mexicano deseaba proyectar a través de su política exterior. 

Pero a las pocas semanas, inició el Movimiento Estudiantil. Casi al mismo tiempo, la gente veía la paloma de la paz y la acción del Ejército: una evidente contradicción. Con la violencia por parte del gobierno hacia la protesta, hacia las voces disidentes que buscaban cambios políticos, el elemento central que era la paloma de la paz fue reelaborado. La paloma fue presentada herida, atacada por la bayoneta del ejército.”

Sin embargo, el simbolismo de la paz y la adhesión social a la idea olímpica –propiciada en gran medida por el programa de identidad– permitió que los Juegos Olímpicos se llevaran cabalmente, con un éxito pleno, aunque de corto plazo. 

“Hoy, en la memoria persiste una interpretación: ‘mataron estudiantes para que hubiera Olimpiada’, y esta idea se ha adaptado a las redes sociales con animaciones, memes y gifs, que así remediatizan las formas significantes de esta gráfica”, describió Juan Porras en su investigación: México 68. Formación, dispersión y resonancia de un dispositivo simbólico.

Agregó el profesor de la ENALLT que la imagen icónica de aquellos Juegos Olímpicos “es excepcionalmente maleable en las posibilidades mediales de la actualidad. Esa misma maleabilidad fue la que contribuyó al impacto de varias reelaboraciones estudiantiles, y es la misma que provee año con año de recursos icónicos y narrativos para conmemorar los acontecimientos”.

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