La música de la ciudad

  • Los organilleros llevan más de cien años musicalizando los paseos de miles de capitalinos
  • Sus melodías son himnos en las calles del Centro Histórico

Autora: Ximena Bravo Rodríguez

Ximena Bravo Rodríguez, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, cursa el sexto semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación con especialidad en periodismo. Principalmente le interesan temas relacionados con los Derechos Humanos y la política.

El oficio de organillero está presente en la Ciudad de México desde finales del siglo XIX. El característico sonido que emana del organillo, artefacto de madera proveniente de Alemania, es un himno en las calles del Centro Histórico.

Los organilleros llevan más de cien años musicalizando los paseos de miles de capitalinos con melodías populares y, aunque hoy en día su música pasa desapercibida, ésta se resiste a morir entre la antigua arquitectura de la ciudad.

Desde sus inicios y con el paso de los años, el oficio adquirió presencia en la narrativa popular, inspiró la creación de la Unión de Organilleros de la República Mexicana en 1975, y en la década de los noventa, el Gobierno de Ciudad de México impulsó el programa para preservar esta tradición en el Centro Histórico.

No obstante su gran valor cultural, esta labor se ha visto mermada puesto que hoy en día la remuneración y reconocimiento es cada vez menor en comparación de las largas horas dedicadas a este oficio.

México, Chile y Argentina son los países de América Latina que preservan esta tradición que ha pasado de generación en generación y que se ha adaptado a los cambios sociales y culturales, ya que siendo un oficio practicado originalmente por hombres, actualmente mujeres y personas de la comunidad LGBT+ forman parte de los 367 socios de la Unión de Organilleros de la República Mexicana.

Un organillero u organillera trabaja en promedio 6 horas en las calles del Centro Histórico.

En punto de las 11 de la mañana toman sus lugares en cuatro puntos estratégicos: la Catedral Metropolitana, la famosa Avenida Medero, la Avenida 16 de septiembre y, por supuesto, el Zócalo de la Ciudad de México. Claro, siempre y cuando este último esté disponible al paso del público.

En un inicio, gran parte de los dedicados a este oficio eran del género masculino. Sin embargo, en los últimos años las mujeres también han formado parte de la música de la ciudad.

En la actualidad es común encontrar a parejas de organilleros (hombres y mujeres) ejerciendo esta labor. Daniela comenta que siempre van juntos por cuestiones de seguridad, pero también por el peso y manejo del organillo, pues llega a pesar entre los 40 y 60 kilogramos. Las parejas de organilleros no son necesariamente amigos o conocidos, generalmente lo único que los une es el amor por su trabajo.

La pandemia fue un golpe duro para esta tradición chilanga. En abril de 2020 el gobierno de la Ciudad de México les impidió colocarse en las calles del Centro Histórico, lo cual afectó gravemente sus ingresos.

Daniela llegó hace apenas 4 meses a este oficio que le abrió sus puertas en medio de la incertidumbre y escasez laboral.

Tocar el organillo no es cosa fácil, cada uno se compone de 40 piezas que deben engranar perfectamente para tocar las 8 melodías que éste contiene.

La gran parte de los organilleros del Centro de la Ciudad de México desconoce la Unión de Organilleros de la República Mexicana o no es miembro de.

“El oficio si puede desaparecer, pero mientras sigamos la tradición y exista la necesidad de estar trabajando el oficio puede continuar”, comentó Daniela.

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