Sin rastro. Desapariciones forzadas en Latinoamérica

  • En Latinoamérica la desaparición forzada es un fenómeno con cifras alarmantes
  • En México se tienen registradas más de 94 mil personas en esa situación

Autor: Isai Monterrubio

De acuerdo con datos oficiales del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, tan solo en México, hasta 2021, se contabilizan más de 94 mil desapariciones forzadas. Sin embargo, esta cifra puede ser mucho mayor, ya que muchas ausencias nunca fueron denunciadas o documentadas.

Latinoamérica se une por una diversidad de factores tales como el lenguaje, los pueblos originarios y las resistencias indígenas. Pero también comparte algunos más: los problemas económicos, los procesos de colonización y las desapariciones forzadas, el cual es un tema latente desde el siglo pasado. Todo ello le da sentido y relevancia a los Estudios Latinoamericanos, de acuerdo con Silvia Soriano, investigadora del Centro de Investigación sobre América Latina y el Caribe (CIALC), de la UNAM.

¿Pero qué es una desaparición forzada?

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la desaparición forzada es “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado”, y desde luego, es tipificado como un crimen de lesa humanidad y un delito internacional.

Sin embargo, para Silvia Soriano, las desapariciones forzadas van más allá de una simple tipificación o descripción jurídica: “Me parece que lo fundamental de este tipo de narraciones, que escucho por parte de quienes buscan a alguien, tiene que ver con la esperanza que mantienen en alto los familiares. Siempre van a decir cuando lo encuentre, vamos a saber qué pasó, vamos a exigir justicia, porque lo que queremos es poder cerrar este ciclo”.

Por ello es que la investigadora del CIALC se centró en estudiar este fenómeno. Soriano reconoce que comenzó estudiando las organizaciones sociales, sin embargo, y como si fuera un efecto dominó, tuvo que abarcar el tema de las desapariciones forzadas, ya que esa también era una razón para organizarse y movilizarse. 

“Me interesó observar qué es lo que viven los familiares de los desaparecidos, qué sienten, pero sobre todo, qué les motiva a movilizarse en la búsqueda de sus seres queridos, si tomamos en consideración que la mayoría de estas personas se empiezan a integrar en un contexto de fuerte represión”, dijo la académica haciéndo énfasis en estos contextos, pues es donde puede observarse un mayor índice de gente desaparecida.

Una catástrofe

De acuerdo con el medio alemán Deutsche Welle (DW), Latinoamérica destaca por tener páises con cómputos muy altos por desapariciones forzadas. Despuntan Colombia, contabilizando 60 mil 600 personas desaparecidas; le sigue Guatemala, con 40 mil; Argentina cuenta con 30 mil casos; Perú, con 13 mil 250; en tanto que El Salvador tiene registardos 5 mil 284 individuos en esa situación.

En lo que toca a México, conforme con datos del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, registra más de 94 mil desaparecidos. A pesar de que las anteriores cifras demuestran la magnitud de este problema, son relativas, pues no existen registros exactos, ya que muchas desapariciones no se denuncian y, por tanto, no se documentan, incidiendo en la contabilidad del fenómeno que puede ser más grave de lo registrado.

Silvia Soriano señaló que los números que México y Latinoamérica manejan en cuanto a desapariciones forzadas representan algo muy alarmante: “Es una tragedia que tiene muchos años que se empezó a vivir, pero que ahora tiene unas proporciones verdaderamente alarmantes; tiene dimensiones de catástrofe”.

Casos como el del periodista argentino Rodolfo Walsh en 1977, el de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014, y más recientemente, la desaparición el pasado 27 de octubre de 2021 de la activista oaxaqueña Irma Galindo, quien lleva al día de hoy tres meses y medio sin saberse de ella, resuenan en todo el mundo y se mantienen frescos en la memoria colectiva de sus países y de toda Latinoamérica. 

Por eso es que para la investigadora del CIALC, el estudio de la memoria es fundamental, porque, a pesar de que hay una diferencia entre ésta y la historia, “los recuerdos, que son parte de ella, van a ser diferentes y vamos a tener una manera muy diversa de mirar nuestros procesos como pueblos, como soiedad, como comunidades”. Esta memoria, que es subjetiva en cada actor social, enriquece a la historia, aunque ésta última no tenga registro documentado de aquella. Por eso para muchos pueblos latinoamericanos no hay perdón ni olvido.

La ciencia es la respuesta

Si bien es cierto que las ciencias sociales y las humanidades no pueden devolver a los desaparecidos a su seno familiar, porque la utilidad de estas no va enfocada en ese camino, sí se centran en evitar que la búsqueda de las personas desaparecidas “sea mucho más compleja y difícil. Hay que hacerle entender a la población que este es un fenómeno social que tiene responsables, y que tienen que pagar por el crimen que cometieron”, apuntó Silvia Soriano.

Para la experta en movimientos sociales, hay algunos detractores que complican estas búsquedas por parte de los familiares, por ejemplo, los medios de comunicación: “No es extraño que los medios de comunicación descalifiquen primero a la víctima desaparecida. Después, descalifican al familiar que está buscando”. 

Sin embargo, las ciencias sociales y las humanidades, que están al servicio del pueblo, buscan cambiar esta situación humanizando este fenónemo y haciendo que la población empatice y comprenda que “la única forma de vivir un duelo, es teniendo los restos de la persona buscada; es poder saber qué es lo que pasó. Por eso es fundamental que existan espacios donde se difunda lo que está pasando y cómo sucede, para que aquellas personas que no ha sufrido ese agravio, tenga también cierta empatía con estos procesos”.

Por ello es que el quehacer de la investigación y divulgación de estos temas es fundamental dentro de nuestra sociedad latinoamericana, pues los familiares pueden encontrar en las ciencias sociales y las humanidades un aliado y un compañero en su búsqueda, compañero consciente de que “el dolor de esas familias también es nuestro dolor”, finalizó Silvia Soriano.

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